Pobladores de San Juan de las Galdonas contradicen la versión oficial sobre la lucha entre narcos

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Foto cortesía Globovisión
El director del Cicpc, Douglas Rico, negó el hecho. Foto cortesía Globovisión

Caracas.- El viernes 28 de septiembre, una noticia comenzó a correr por las redes. Se informó de una masacre. Más de 20 hombres fueron asesinados entre San Juan de las Galdonas y San Juan de Unare, poblaciones de la Península de Paria, ubicadas a cinco horas de Cumaná, capital del estado Sucre. Era la primera vez que se tenía noticia de un hecho como este en Venezuela, tan común en Colombia en la época del Cartel de Medellín y de Cali, o aún recurrente en México.

El lunes siguiente, el director del Cicpc, la policía científica venezolana, Douglas Rico, negó ese suceso. Atribuyó las versiones a un escándalo por las redes. “En un sector de Yaguaraparo, muy lejos de Las Galdonas, hubo una resistencia a la autoridad donde fallecieron tres personas que nada tiene que ver con lo ocurrido en el sector antes mencionado. No hubo el gran número de personas muertas allí, eso es totalmente falso”, agregó el comisario.

Tres días después habló el gobernador de Sucre, Edwin Rojas, quien también desmintió la masacre, aunque reconoció que hubo tres personas que murieron en enfrentamientos contra efectivos militares de la Armada y la Guardia Nacional en San Juan de las Galdonas, así como otros siete hombres que también perdieron la vida al oponerse a representantes de órganos castrenses. A diferencia de Rico, ofreció más detalles, al especificar que mantienen la vigilancia en el eje de Paria, donde operan traficantes de droga en zonas como Güiria, San Juan de las Galdonas, Yaguaraparo e Irapa.

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El domingo 30 de septiembre, familiares de pacientes recluidos en el hospital Santo Aníbal Dominicci, ubicado en Carúpano, informaron a El Pitazo sobre la presencia de 11 cadáveres tiroteados en la morgue del centro de salud. Una fuente policial indicó que seis de los cadáveres llegaron de Yaguaraparo, tres de Maturincito, uno de Carúpano y otro de San Juan de Las Galdonas, todos pueblos ubicados en la Península de Paria.

Fuentes independientes contradicen al Gobierno

Tres fuentes independientes consultadas por El Pitazo, dos de ellas habitantes del lugar y la otra asidua visitante, confirman el enfrentamiento entre bandas por el control del tráfico de drogas. Todos los que hablaron con el medio a lo largo de las dos últimas semanas lo hicieron pidiendo la reserva de su identidad, debido al peligro que aseguran significa para ellos revelar lo que sucede en Paria.

Advierten que llegar a la zona de los acontecimientos significa pasar 10 alcabalas de civiles armados que preguntan a dónde vas y qué vas a hacer. Algunos señalan que es mejor no acercarse a San Juan de las Galdonas. Esta versión coincide con la dada a El Pitazo por el diputado Paúl Elguezabal, quien apuntó: “Cuando se llega a la alcabala de Bordal, en la troncal nueve, se encuentra en el municipio Cajigal, casi en Yaguaraparo; entonces el funcionario de turno nocturno advierte al que va en su vehículo: no pase de Yaguaraparo. Después de ese pueblo no podemos brindar seguridad. No tenemos control de ese territorio”.

 

Las playas quedaron desoladas después del hecho. Foto cortesía NTN24

El diputado Eleguezabal señala que hace 16 años comenzó la actividad del narcotráfico en la zona de Paria. Pero una fuente consultada, que conoce el negocio por dentro, afirma que hace 23 años, en 1995, llegaron los primeros narcos, unos paracos que fueron aniquilados por un grupo especial de militares enviado desde Caracas.

En 2000, agrega, dos habitantes de la zona, Aurelio “Yeyo” Labrador y Rubén Darío Bravo Gómez se hicieron del negocio, pero en hechos separados fueron víctimas de sicariato. En 2016, dos sujetos conocidos como «el Chivo García» y «el Leo» se arman y toman el control. En una disputa asesinan a un joven llegado de Caracas, cuyo padre jura venganza, dice el informante. Esa persona, ubicada en la capital del país, a quien la fuente solo conoce como «el Caracas», es quien tiene el control del grupo de San Juan de Unare, comandado por «el Chuchú».

Las diferencias y el robo de un maletín

De acuerdo con la versión que se dio a conocer por las redes sociales y a través de la consulta a fuentes policiales y habitantes de la Península de Paria, entre el 23 y el 24 de septiembre se enfrentaron dos bandas de narcotraficantes. Una de ellas proveniente de San Juan de Unare y la otra de San Juan de las Galdonas. Ambas dominan el tráfico de drogas hacia Trinidad y Tobago y otras islas del Caribe. Los relatos indican que entre la veintena de muertos hubo descuartizados, cuyos cuerpos fueron colocados en sacos con piedras para que no flotaran más. Otros estarían enterrados en fosas comunes vigiladas por delincuentes.

El origen de la disputa se dijo inicialmente que había sido por el robo de 1.500 kilos de cocaína, pero la fuente que conoce el negocio ilícito por dentro contó que el motivo fue otro.

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La convivencia entre las bandas se rompió cuando en horas de la noche del domingo 23 de septiembre, un maletín que custodiaban en alta mar los miembros de la banda de San Juan de Unare fue robado por hombres que llegaron en lanchas rápidas, vestidos de negros y disparando con armas largas, informó un pescador de la zona a El Pitazo.  Eso sorprendió al grupo que se encontraba resguardando el maletín que contenía un millón de euros.

La fuente, que por temor a represalias protege su identidad, agregó que la banda de Unare responsabilizó de los hechos a habitantes de las Galdonas.

La noticia llegó a los funcionarios de la Guardia Nacional quienes hablaron con “el Moncho”, líder de la banda de San Juan de las Galdonas, para que limara asperezas con los líderes de Unare, banda manejada por pranes de Caracas y Aragua, entre ellos uno llamado «el Chuchú».

El declarante revela que el encuentro se dio en una zona boscosa entre las Galdonas y Unare. La banda de San Juan de Unare preparó tres carros. Dos vehículos los llevaron al lugar del encuentro. El otro quedó en el límite entre los dos pueblos repletos de armas.

Luego de la reunión, en la cual el líder de la banda de las Galdonas aseguró no haber mandado a quitar el maletín, se marchan los de Unare, regresando a pocos minutos disparando contra todos los hombres que se encontraban en la reunión.

En el lugar cayeron cuatro personas muertas de la banda de San Juan y dos de Unare. La banda de Unare tomó el control porque tenía más hombres, quienes luego se trasladaron hasta el pueblo de San Juan de las Galdonas, donde quemaron y descuartizaron a un hombre perteneciente a la banda de las Galdonas.

Nadie reclama a sus muertos

De los muertos solo dos ingresaron a la morgue del Hospital Pedro Rafael Figallo de Río Caribe, identificados como Pedro Luis, segundo al mando de la banda de las Galdonas y hermano del jefe “el Moncho”, a quien acusan de haber robado el maletín con los euros. El otro es un habitante de Río Caribe conocido con el apodo de “pan Quemao”.

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Sostiene la fuente a El Pitazo que por conseguir el poder absoluto de las parroquias, la banda de Unare continuó apoderándose de los espacios de las Galdonas, haciendo huir al resto de los rivales hacia los cerros que circundan ambas poblaciones. La Guardia Nacional quiso interceder, pero fue repelida por la banda de Unare que los hizo huir. Organismos de seguridad se vieron en la obligación de enviar un helicóptero para persuadir a las bandas.

Las casas que pertenecían a los integrantes de la banda de Las Galdonas fueron saqueadas y quemadas por integrantes de la banda de Unare, afirma el informante.

Algunas viviendas fueron saqueadas y destruidas. Foto cortesía Andrea Hernández. El Estímulo

Agrega que se contabilizan 17 muertos, incluyendo los caídos en los pueblos de Yaguaraparo, en el municipio Cajigal, y El Lirio, en el municipio Bermúdez, durante el viernes 28, sábado 29 y domingo 30 de septiembre. “Familias han denunciado en Cangua la desaparición de al menos ocho jóvenes”.

¿Y dónde están esos muertos?

En San Juan de las Galdonas y Unare hay fosas comunes hacia los cerros donde están las cuevas en las partes más altas. «Y a otros los meten picados en sacos o bolsas, les echan piedras y más nunca salen del mar. Este mundo te da mucho, pero también te quita». Los familiares no hablan porque están claro en qué andaban metido sus hijos.

Después de la masacre, la desolación

Más de 2.000 personas migraron de las comunidades de Cangua, Querepare, San Juan de las Galdonas, Guacuco, Guarataro, Puerto Caballo, San Juan de Unare, Cipara y Boca de Cumaná, en el municipio Arismendi, al este de estado Sucre, después de la masacre, dijeron fuentes consultadas.

Otra fuente reveló a El Pitazo que el toque de queda que se vive en las parroquias de San Juan de las Galdonas y Unare por la militarización de la Guardia Nacional no ha evitado que familias enteras migren por temor a ser masacrados.

Casas desoladas, la mayoría de ellas pertenecientes a los miembros las bandas de San Juan de las Galdonas, quedaron a merced de quienes saquearon las viviendas con armas de fuego. Incluso, un testigo dijo haber visto a vehículos oficiales trasladar enseres de algunos de los hogares.

Hasta la sacristía quedó desolada. No hay nadie que oficie una misa en la iglesia de San Juan Bautista. El párroco, Carlos Sánchez, no pudo ser consultado para esta nota, pues fue imposible de encontrar.

Los pescadores tampoco quieren hablar, aunque critican que las autoridades niegan la venta de 24 litros de gasolina a quienes van a la faena de pesca, pero no se oponen a llenar 20 pimpinas a los que pagan en dólares o euros.

En ese escenario se encuentran las dos versiones. La oficial, que niega la masacre, y la de vecinos y asiduos visitantes que cuentan con temor el horror que se oculta en la Península de Paria, donde narcotraficantes se disputan el control del caños y playas para recibir y custodiar la droga proveniente de Colombia, que pasa por otras zonas de Sucre y por los estados Bolívar y Monagas, antes de partir a Trinidad y Tobago.

 

 

 

 

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