Los números rojos del teatro en Venezuela

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Montar una obra teatral en el país, en tiempos hiperinflacionarios, se ha vuelto una labor de ingenio mayúsculo y mucha imaginación. La crisis económica obliga a presentar, cada vez con más frecuencia, piezas desnudas de escenografía y con escasos ropajes. Sin embargo, también se apuesta a remontar la cuesta y salir a las tablas con propuestas complejas, aunque resulten costosas
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Octubre 6, 2018

Por: 
Catherine Medina

El dramaturgo Javier Vidal describe a Estrella Serfaty vestida con una capa gris diseñada por la casa Dior. Cuenta Federico Pacanins, quien llegó a conocerla, que una de las características principales de Estrella –quien fuera la madre de Isaac Chocrón– era, precisamente, su elegancia. Solía ir de punta en blanco, a la moda de décadas anteriores. Como una fotografía borrosa, como el espectro de algo que fue pero ya no es. Como un recuerdo que se aferra a la sobrevivencia.

Corrían otros tiempos y la producción teatral pisaba tablas más estables en materia económica.

A medida que los ensayos avanzaban, la obra cristalizaba, la producción se movía y la hiperinflación crecía, Julie Restifo decidió que lo mejor era visitar el ropero de las judías de San Bernardino, conocidas por casi toda la comunidad teatral, y adquirir ahí dos de los siete cambios de vestuario de su personaje. Completó el resto asaltando el clóset materno y hurgando en el depósito de Jota Creativa y del grupo teatral Skenna.

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